Tanto la selección de signos desde la
cultura como su tratamiento y combinación en el libro se inscribe en la contextualización intencional y
significativa en las redes de signos en las cuales la memoria del receptor
puede ubicarlos. El receptor busca e interpreta los signos del contexto natural
y cultural, por un lado; real, simbólico
o imaginario, por el otro; y les asigna
significados y valores, así como la capacidad
de generar efectos perceptivos, cognitivos, afectivos o sociales en el
lector. Se trata de la selección y la
combinación de signos verbales, icónicos y plásticos, en base al proyecto
expresivo-comunicativo del libro. En los dos niveles, tiene gran importancia el
diseño de la interacción texto – imagen, que depende también del proyecto y
respectivamente del tipo de lectura que se le propone al usuario lector. Un
ejemplo podría ser la selección de los elementos para representar una casa en
cuyo marco se desarrollará una experiencia surreal.
La contextualización puede relacionarse con
una experiencia vivencial o cultural, compararse con otros productos culturales
con los cuales presenta alguna similitud, temática, de lenguaje, de autoría, de
visión del mundo, de género o tratamiento.
La imagen requiere de una imaginación
interpretante y a la vez la fomenta: lo que se incorpora y lo que se actualiza
desarrollan una dinámica productiva en la memoria, teniendo como resultado el
reconocimiento de informaciones y la generación de conocimientos, expresados a
través de ideas o presencias mentales, que se apoyan en signos de menor o mayor
complejidad. Observemos este fenómeno en la expresión visual de “ La caza del
snark” de Lewis Carroll.
Una vez que se establecen los términos de
la nueva contextualización de los signos en el libro, se plantea la interacción
texto – imagen no sólo como expresión visual de ritmos y estructuras, sino
también y sobre todo como funcionamiento. El texto y la imagen entablan
relaciones diferentes en el espacio objetual del libro,
según el principio compositivo que asigna
modalidades particulares a la información y expresión en la construcción de un
discurso comunicativo,
que lleva al conocimiento del observador
una información a la vez que plantea la semántica del universo representado y
significado.
La dinámica de las interacciones texto – imagen en la
narrativa visual se centra en la
generación de un discurso diseñado estratégicamente para la representación y
significación de un concepto desarrollado en una narrativa con personajes,
acciones, locaciones.
El discurso es la expresión de un proyecto
comunicativo y se apoya en la construcción de inferencias, desde las
estructuras referenciales del texto y de la imagen, para sustentar la
producción de efectos de sentido.
Las inferencias derivan de la lectura de
los elementos que diseñan la
argumentación discursiva,
contenidos en la interacción - imagen y vinculados a la memoria cultural. ¿
Cómo se generan las inferencias a partir de la selección – combinación de
signos, tomando como base la contextualización del proyecto y sus vínculos con
la memoria cultural en el siguiente video ?:
Sopa
Mihaela Radulescu, 31 de marzo del 2014














































